jueves, 24 de septiembre de 2026

35 años de la primera ascensión navarra al Everest y otros mitos.

Hace 35 años, mientras vivíamos la dulce resaca de los Juegos Olímpicos de Barcelona y quizá eclipsados en cierto modo por ello, Mikel, Iñaki (🙏), Pitxi, Patxi, Pedro y Juan Tomás, tenían una cita con la historia, pero sobre todo un cara a cara con la aventura y con la incertidumbre y responsabilidad de salir airosos de ello.

Hoy, hace 35 años, un alpinista navarro, dos en este caso, pisaban por primera vez la cima de lo que entonces era una aventura con todas las letras, la cima del Chomolugna (Madre del universo en tibetano), a la postre occidentalizado y más conocido como Everest. Otros tres lo harían pocos días después, un éxito colectivo.


Foto de cima Everest 25Sep1992

Como decía la entradilla de El Equipo A, que tuneo para la ocasión, "6 de los mejores hombres del... bla bla bla..." unían sus esfuerzos y limitados recursos para aquel viaje vital. 
Pero de los detalles y el devenir de la expedición ya se ha hablado mucho y todo se encuentra ya por internet, no vengo a hablar de ese libro.

No obstante me parece que este tipo de logros, en los vertiginosos tiempos que corren a nivel social o tecnológico, como el buen vino, ganan valor a cada aniversario. Explico porque´:

Aunque no fueron los primeros y ya contaban con más medios y sobre todo conocimientos que las expediciones de los años 50, aun era una aventura enorme llegar a pie de montaña y todo eran incertidumbres muchas de las cuales hoy se resuelven desde casa a golpe de click.

Con este post solo quiero poner en valor lo que que aquello fue y que hoy corre peligro de tomarse a pitorreo, porque en cierto modo en esto se está convirtiendo el Everest y tantos otros mitos que estamos empeñados o condenados a matar.

En aquellos tiempos no había tracks, no había firmas digitales, ni siquiera había internet, ni cientos de previsiones meteorológicas fiables en nuestro móvil. De hecho no había móviles, no había wi-fi en el campo base, no había ni teléfono (a no ser que fuera satélite). Te marchabas de casa un día y con suerte, muchas semanas después, sino meses, encontrabas un lugar del cual hacer una llamada a casa a cobro revertido.

Entonces yo era aun muy joven, un adolescente, y soñábamos con embarcarnos un día en una de estas aventuras, mientras veíamos, proyectadas en un cuarto oscuro, las diapositivas que  nos lanzaban gente como los anteriormente mencionados, que admirábamos, acompañado del sonido del cambio de filmina del proyector (klajkajaclak) y de la música "pinchada" en un  radio-cassette. Nada por su puesto digital. Los más modernos, los Iñurrategi, ya implementaron "fundidos" que nos hacían flipar y que no era más que un proyector mecánico que metía una diapo mientras salía la anterior, madre mía... hoy en día nos da la risa.

Antes se tiraba de mapas, que había que conseguir, no había GPS. Se financiaban las cosas vendiendo camisetas y se buscaban patrocinios. Antes se salía de casa con petates enormes y te llevabas la comida para dos meses y hasta el vino. En muchos casos se fumaba, no existía prácticamente "el fitness" ni estas cosas de ir rápido a los sitios (hoy lo llamamos trail running). Quizá Iñaki, fue uno de los pioneros locales en esto de ser rápido, y entrenar, hasta entonces el entrenamiento era ir, ir, e ir a la montaña. Guardo con cariño aquellos dias "entre semana" que íbamos con Iñaki a esquiar a Roncesvalles  / Orreaga y como descubrí que se podía subir más de una vez al mismo monte, el mismo día, ahi cambiamos algunos el chip de montañero tradicional a deportista de montaña.

Y pongo estas letras aqui para que lo lean los más jóvenes y sean conscientes de como ha cambiado el mundo en general y el baremo de lo que es una aventura en particular. Seguramente no les interese, pero aqui lo dejo.

Hoy las rutas normales al Everest están perfectamente documentadas y mercantilizadas. Tenemos la posibilidad de tener toda la información necesaria para construir un ascenso casi a golpe de click. Bien es cierto que una vez allá, tienes que subir, pero los riesgos son mucho menores. Se llega más rápido, se cuenta con más medios (mejor material, más oxigeno, mejores previsiones meteorológicas, mayor poder adquisitivo) y se sabe tanto que el que vaya indocumentado es porque quiere. Sin duda es menos aventura. 

Nunca llegué a ir, pese a que comenzamos a construir nuestra carrera con ascensos primero tresmiles en Pirineos, luego cuatromiles en Atlas y Alpes, cincomiles en Caúcaso y seismiles en los Andes. Ahi me quedé. 

Yo mismo en el Caúcaso
Yo mismo en Caúcaso año 2000

¿Iría yo hoy en día al Everest? Cuando tienes dudas es que quizá no. No lo se. ¿Me decepcionaría mucho lo que haya me encuentre? Estoy casi convencido de que si. Oigo de fiestas en el CB, de peleas por hacerse con la línea, de egos, de posturismo y de mucha falta de ética, esto no es lo que nos enamoró de aquellas diapositivas.

Pues lo mismo que ocurre con el Everest pasa y ha pasado con muchos mitos y efemérides de enorme dimensión humana. Grandes mitos que forjaron ya no solo leyendas sino que hicieron al ser humano evolucionar y llevar sus límites más allá. Los marathones, el Dakar, los propios Juegos Olímpicos, nada es lo que fue. ¿Llegará el día que darse un paseo por la Luna sea algo cotidiano? Supongo que si.

Hasta otra (o no).

-El abuelo cebolleta-




jueves, 20 de agosto de 2026

Excavando el PASADO en el PRESENTE, un legado para el FUTURO.

«No podemos cambiar el pasado, pero podemos aprender de él para transformar nuestro presente.» — Marco Aurelio

No cabe duda de que la historia clásica despierta interés; si no, no hay más que ver el éxito recurrente en taquilla de cualquier película más o menos adornada, pero con un firme sustrato histórico centrado en los primeros siglos de nuestro calendario (calendario de origen romano, por cierto). Lo mismo ocurre con las recreaciones históricas en nuestras localidades, sin olvidar el origen de muchas de nuestras conductas, costumbres, aficiones, organización político-social e incluso evoluciones tecnológicas actuales que siguen vinculados a «lo que allí pasó».



Corremos a la taquilla, pero creo que no somos conscientes de que esas ciudades, esos templos y esas vías, los tenemos al alcance de la mano, muy cerca de nuestras casas... o quizá incluso debajo de ellas.

El futuro está por construirse y es incierto, pero nuestro pasado forjó nuestro presente. No podemos ni debemos huir de él: conocerlo es conocernos a nosotros mismos.


Como dijo Séneca (Lucio Anneo Séneca / Córdoba-Roma): El pasado es la única parte de nuestra vida que es verdaderamente segura y nuestra, ya que está a salvo de los caprichos del destino.

Hoy he tenido la oportunidad de ser invitado a la excavación del yacimiento de la ciudad romana de Santa Criz de Eslava, un lugar histórico considerado BIC (bien de interés cultural) y en concreto hemos ido desenterrando el estrato superficial del oppidum, previo a esta ciudad para analizar su convivencia-hibridación. Allí no solo he vivido la emoción de cavar sacando a la luz estructuras que llevan 2000 años ocultas, sino que además he tenido el privilegio de encontrar pequeñas piezas de cerámica, tanto previas a aquel periodo, como finas sigillatas romanas.



Sin embargo, el mayor aprendizaje ha sido conocer cómo funciona realmente una excavación. He compartido «zanja» con varias mentes brillantes, ya graduadas, que han dedicado años a investigar nuestro pasado común y que ahora se desloman bajo el sol cavando estrato a estrato, con la esperanza de ir desenterrando tesoros que luego compartirán con los demás.

Podríamos pensar que son excavaciones masivas, con muchos medios y un gran presupuesto, pero la realidad es que son campañas muy cortas, de 3 a 5 semanas (os recuerdo que nuestro calendario —romano, repito, tiene 52). Durante este tiempo, unos pocos especialistas, que a mi parecer deberían estar dirigiendo equipos, tiran de pico, pala, azada y otros de herramientas de precisión casi sin ayuda.

Hoy he aportado mi granito de arena, pero el terreno es inmenso, la tierra está durísima y el voluntariado siempre es bienvenido, siempre que sea apto, esté dispuesto y se deje guiar. Yo volveré, pero si os interesa la historia, es una experiencia que no deberíais dejar pasar.

Gracias a María García Barberena y a todo su equipo: Luka Garcia de la Barrera, Javier Larequi, Javier Martínez Sarasate, Ibon Cipitria y Leyre Arróniz. Me he sentido super a gusto. Roto el hielo, ya solo queda repetir.



P. D.: Es una actividad fenomenal para fomentar el trabajo en equipo (empresas), hacer deporte (esto sí que es crossfit del bueno) y dejar un legado a las generaciones futuras.

¡Anímense!

«La experiencia es la maestra de todas las cosas.» — Julio César