Hoy, hace 35 años, un alpinista navarro, dos en este caso, pisaban por primera vez la cima de lo que entonces era una aventura con todas las letras, la cima del Chomolugna (Madre del universo en tibetano), a la postre occidentalizado y más conocido como Everest. Otros tres lo harían pocos días después, un éxito colectivo.

Foto de cima Everest 25Sep1992
Como decía la entradilla de El Equipo A, que tuneo para la ocasión, "6 de los mejores hombres del... bla bla bla..." unían sus esfuerzos y limitados recursos para aquel viaje vital.
Pero de los detalles y el devenir de la expedición ya se ha hablado mucho y todo se encuentra ya por internet, no vengo a hablar de ese libro.
No obstante me parece que este tipo de logros, en los vertiginosos tiempos que corren a nivel social o tecnológico, como el buen vino, ganan valor a cada aniversario. Explico porque´:
Aunque no fueron los primeros y ya contaban con más medios y sobre todo conocimientos que las expediciones de los años 50, aun era una aventura enorme llegar a pie de montaña y todo eran incertidumbres muchas de las cuales hoy se resuelven desde casa a golpe de click.
Con este post solo quiero poner en valor lo que que aquello fue y que hoy corre peligro de tomarse a pitorreo, porque en cierto modo en esto se está convirtiendo el Everest y tantos otros mitos que estamos empeñados o condenados a matar.
En aquellos tiempos no había tracks, no había firmas digitales, ni siquiera había internet, ni cientos de previsiones meteorológicas fiables en nuestro móvil. De hecho no había móviles, no había wi-fi en el campo base, no había ni teléfono (a no ser que fuera satélite). Te marchabas de casa un día y con suerte, muchas semanas después, sino meses, encontrabas un lugar del cual hacer una llamada a casa a cobro revertido.
Entonces yo era aun muy joven, un adolescente, y soñábamos con embarcarnos un día en una de estas aventuras, mientras veíamos, proyectadas en un cuarto oscuro, las diapositivas que nos lanzaban gente como los anteriormente mencionados, que admirábamos, acompañado del sonido del cambio de filmina del proyector (klajkajaclak) y de la música "pinchada" en un radio-cassette. Nada por su puesto digital. Los más modernos, los Iñurrategi, ya implementaron "fundidos" que nos hacían flipar y que no era más que un proyector mecánico que metía una diapo mientras salía la anterior, madre mía... hoy en día nos da la risa.
Antes se tiraba de mapas, que había que conseguir, no había GPS. Se financiaban las cosas vendiendo camisetas y se buscaban patrocinios. Antes se salía de casa con petates enormes y te llevabas la comida para dos meses y hasta el vino. En muchos casos se fumaba, no existía prácticamente "el fitness" ni estas cosas de ir rápido a los sitios (hoy lo llamamos trail running). Quizá Iñaki, fue uno de los pioneros locales en esto de ser rápido, y entrenar, hasta entonces el entrenamiento era ir, ir, e ir a la montaña. Guardo con cariño aquellos dias "entre semana" que íbamos con Iñaki a esquiar a Roncesvalles / Orreaga y como descubrí que se podía subir más de una vez al mismo monte, el mismo día, ahi cambiamos algunos el chip de montañero tradicional a deportista de montaña.
Y pongo estas letras aqui para que lo lean los más jóvenes y sean conscientes de como ha cambiado el mundo en general y el baremo de lo que es una aventura en particular. Seguramente no les interese, pero aqui lo dejo.
Hoy las rutas normales al Everest están perfectamente documentadas y mercantilizadas. Tenemos la posibilidad de tener toda la información necesaria para construir un ascenso casi a golpe de click. Bien es cierto que una vez allá, tienes que subir, pero los riesgos son mucho menores. Se llega más rápido, se cuenta con más medios (mejor material, más oxigeno, mejores previsiones meteorológicas, mayor poder adquisitivo) y se sabe tanto que el que vaya indocumentado es porque quiere. Sin duda es menos aventura.
Nunca llegué a ir, pese a que comenzamos a construir nuestra carrera con ascensos primero tresmiles en Pirineos, luego cuatromiles en Atlas y Alpes, cincomiles en Caúcaso y seismiles en los Andes. Ahi me quedé.

Yo mismo en Caúcaso año 2000
¿Iría yo hoy en día al Everest? Cuando tienes dudas es que quizá no. No lo se. ¿Me decepcionaría mucho lo que haya me encuentre? Estoy casi convencido de que si. Oigo de fiestas en el CB, de peleas por hacerse con la línea, de egos, de posturismo y de mucha falta de ética, esto no es lo que nos enamoró de aquellas diapositivas.
Pues lo mismo que ocurre con el Everest pasa y ha pasado con muchos mitos y efemérides de enorme dimensión humana. Grandes mitos que forjaron ya no solo leyendas sino que hicieron al ser humano evolucionar y llevar sus límites más allá. Los marathones, el Dakar, los propios Juegos Olímpicos, nada es lo que fue. ¿Llegará el día que darse un paseo por la Luna sea algo cotidiano? Supongo que si.
Hasta otra (o no).
-El abuelo cebolleta-


